Dedicado con mi amor y admiración para Lau y Cheryl
Un recordatorio de vida
Como muchos saben, octubre es el Mes de la Lucha contra el Cáncer de Mama, un mes dedicado a recordar la importancia de los chequeos regulares, la autoexploración y el autocuidado.
Vivimos deprisa. Entre el trabajo, la familia y las rutinas diarias, solemos dejar nuestro bienestar en último lugar. Por eso apoyo de corazón las campañas de concientización: son un recordatorio de que también nos toca cuidarnos a nosotras mismas.
Confieso que no soy de las más constantes con mis chequeos. No tengo un calendario médico marcado, pero sí un hábito silencioso: cada vez que me baño o aplico crema, reconozco mi cuerpo. Lo observo, lo escucho. Tal vez sin saberlo, busco señales que me digan que todo está bien.
Aun así, últimamente he sentido la necesidad de aprender cómo hacer correctamente un autoexamen. No por paranoia, sino por respeto hacia mi cuerpo… y hacia la vida.
Cuando la realidad toca la puerta
No fue octubre el que me hizo pensar en esto.
Fue una amiga.
Hace unas semanas me escribió para contarme que había encontrado nuevamente un pequeño nódulo en su pecho. Ella ya había pasado por un cáncer de mama hace tres años, y supo de inmediato que algo no estaba bien.
Lo descubrió en la madrugada, al levantarse medio dormida para ir al baño.
Sintió una molestia, se llevó la mano al pecho y, en ese instante —entre la oscuridad y el miedo— reconoció el mismo enemigo que ya había enfrentado tiempo atrás.
Su reacción fue de una serenidad que solo da la experiencia:
“Es de noche, no debo entrar en pánico. Dormiré, y mañana, con la cabeza más clara, revisaré si debo ir al doctor.”
Ese pensamiento, tan propio de muchas mujeres, me hizo reflexionar: ¿cuánto postergamos nuestra salud para no preocupar a otros? Para no “molestar”, para no causar alarma.
A la mañana siguiente, mi amiga se revisó y confirmó sus sospechas.
Llamó al médico.
Tuvo que esperar dos semanas para los estudios —una eternidad cuando el miedo aprieta—, pero finalmente recibió un diagnóstico. Hoy está otra vez en tratamiento, enfrentando el proceso con la valentía que solo quienes ya han pasado por ahí conocen.
Su historia aún se escribe, y con fe espero poder contar algún día que todo salió bien.
Mujeres que inspiran
Ella no es la única mujer valiente que conozco.
Mi compañera en este blog y podcast, Lau, también es sobreviviente de cáncer de mama.
Y si la conocen, saben que su fortaleza es algo fuera de este mundo: tiene la resiliencia de una guerrera maya y el espíritu de un vikingo todo conbinado con superpoderes extraterrestres. Sip, esa es Lau para mi.
A pesar de las secuelas físicas y emocionales, sigue adelante cada día, probando terapias, cuidándose, reinventándose.
Y sobre todo, compartiendo su camino para inspirar a otros.
Este post no es solo un homenaje a las mujeres que luchan y sobreviven, sino también a quienes acompañamos desde el otro lado.
Porque estar al lado de alguien que atraviesa un diagnóstico así tampoco es fácil. No se trata de robar protagonismo, sino de aprender a estar presentes con amor, respeto y paciencia, incluso cuando no entendemos del todo lo que viven.
Ser amiga a distancia
En el caso de Lau, la distancia fue un desafío.
Divididas por un océano, lo único que podía ofrecerle eran mensajes y videollamadas.
Y cuando estás en tratamiento, el tiempo y la energía escasean: citas médicas, medicamentos, cansancio, dolor.
Muchas veces escribí sin recibir respuesta.
Otras veces sus mensajes eran breves:
“Estoy pasando por un momento difícil.”
“Te escribo luego, hoy estoy muy cansada.”
Nunca me dijo directamente lo que enfrentaba.
Podría haberme sentido dolida —como cualquiera—, pero algo en mí sabía que no era falta de cariño, sino de fuerzas.
Así que decidí quedarme: presente, pero sin invadir.
A veces mandaba solo un “Hola, ¿cómo vas? Te mando abrazos”.
Y aunque no siempre había respuesta, seguí ahí.
Hasta que un día, mucho después, me escribió:
“Creo que necesito tiempo. No sé si para encontrar quién soy o para definir qué quiero hacer con mi vida.”
Entendí.
Le di su espacio.
Y cuando la vida quiso, nos volvió a reunir —esta vez para crear este proyecto, Cruzando Time Zones.
Esa experiencia me enseñó que el amor y la amistad siempre encuentran su forma, incluso a distancia.
Lo que aprendí al acompañar
Acompañar a alguien en su proceso de sanación me enseñó que todos amamos distinto.
Algunos lo expresan en palabras, otros en silencios, otros con pequeños actos.
Pero cuando alguien importa, uno aprende su lenguaje, incluso a través de una pantalla y a la distancia.
Si hoy tienes una amiga, hermana o familiar (incluso hombre) atravesando un diagnóstico difícil, te dejo este consejo:
no siempre sabrás qué decir,
no siempre sabrás cómo ayudar,
pero tu presencia —silenciosa, paciente, sin juicios— vale más de lo que imaginas.
Permítele tener malos días, llorar, enojarse, cerrarse.
Y quédate ahí, para cuando vuelva a abrir los ojos a ser ella otra vez y necesite a alguien que la mire sin miedo, sepa que tú siempre estuviste allí.
Cuidarse también es amor
Por eso, te invito a hacer dos cosas:
1️⃣ Autoexplórate
No por miedo, sino por amor.
Conócete, cuídate, agenda tus chequeos.
Tu cuerpo merece tu atención y tu cariño.
2️⃣ Sé un buen amigo o amiga
Acompaña desde el respeto, la empatía y la presencia.
A veces, el amor se demuestra simplemente quedándote cerca sin exigir nada a cambio.
Porque cuando la vida nos pone a prueba, la diferencia entre hundirse y salir adelante muchas veces está en saber que alguien sigue ahí, sosteniendo el alma desde lejos.
✨ Si esta historia resonó contigo, compártela.
Puede ser el recordatorio que alguien necesita hoy para cuidar(se) o acompañar con amor.
Love
Naddy
…keep shooting for the stars… 🌠




Deja un comentario