Octubre Rosa – Cuidar el Cuerpo y el Alma, la Clave para la Salud

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En este día, en este mes, queremos hacer conciencia de que el cáncer de mama ocupa el quinto lugar entre las principales causas de muerte en mujeres en México. En 2020, fue la enfermedad más frecuente y la primera causa de muerte en mujeres, con un estimado de 29 mil 929 nuevos casos y siete mil 931 muertes.

Sin embargo, puede detectarse muy temprano y el tratamiento para erradicarlo es muy sencillo y poco invasivo, y sobre todo no es igual a muerte.  Por eso alentamos a todos a hacernos chequeos médicos por lo menos una vez al año desde que empezamos a tener cambios hormonales, quizá 15 o 16 años, hagámonos autoexploración y recurramos a estudios médicos no invasivos como la mamografía por electroimpedancia computarizada de monofrecuencia o un ultrasonido mamario.

Ahora bien, yo quiero transmitir lo más importante que he aprendido en este proceso, y que no dejo de pensar en que si aprendemos a hacerlo desde que somos pequeños podríamos prevenir muchas enfermedades: a amar, a amarme y ser amada, a soltar, a perdonar, a lograr mis sueños con amor y equilibrio, a tener fe y creer profundamente en esta divinidad que habita en todo, y a cuidarme —física, mental y espiritualmente—.

Porque sí, la detección oportuna salva vidas, pero la verdadera prevención empieza mucho antes: empieza cuando aprendemos a escucharnos, a tratarnos con cariño, a hacer pausas, a abrazar lo que sentimos sin miedo ni juicio.

La verdadera prevención no empieza en el hospital, sino en la infancia

Desde PSYCH-K, la Bioneuroemoción y la psicología transpersonal, comprendemos que cada célula escucha lo que pensamos y sentimos.

Si los niños aprendieran a observar sus pensamientos sin identificarse con ellos, a reconocer su valor más allá del éxito, a respirar conscientemente antes de reaccionar, a soltar, a amarse y amar, entonces el cuerpo crecería con menos estrés, menos inflamación, menos desequilibrio hormonal, menos miedo.

Y eso… es prevención real.

No se trata solo de evitar el cáncer, sino de cultivar seres humanos que no vivan desconectados de sí mismos.

Desde mi experiencia personal

Creo que entonces habría menos adultos enfermos y más adultos conscientes. Menos cuerpos somatizando lo que el alma no supo decir, habríamos aprendido a detectar a tiempo el sufrimiento emocional antes de que se convirtiera en enfermedad física.

El cáncer, en mi caso, ha sido el más grande maestro de mi vida, y lamentablemente fue necesario que llegara, ahora lo sé, ya que la persona que soy hoy no la cambiaria por haber evitado este proceso. El cáncer me enseñó que el cuerpo no se enferma para castigarte, sino para despertarte. Que sanar no solo es eliminar células enfermas, sino reconciliarte con tu historia, perdonarte, y volver a creer y confiar en la fuente de la vida.

Desde ahí entendí que no queremos solo curar enfermedades, queremos despertar consciencias, quizá contribuir en la mayor manera a la evolución humana y a buscar la felicidad sin tener que llegar a ver la muerte de frente. No buscamos que las personas dejen de sentir dolor, sino que aprendan a sentir sin enfermar. Porque el dolor, cuando se vive con amor y comprensión, se transforma en fuerza, en propósito y en luz, o como lo dice David Goggins: “El boleto a la victoria a menudo depende de sacar lo mejor de ti cuando te sientes de lo peor… La angustia emocional y física es finita”.

Si algo me ha enseñado esta experiencia es que vivir es un privilegio, y prevenir es mucho más que un chequeo médico: es un acto diario de amor propio.

Y si mis palabras llegan a una sola persona, y la invitan a escucharse un poco más, a amarse un poco más, entonces habrá valido la pena cada paso del camino.

La prevención más profunda no empieza en el cuerpo, sino en el alma.

Con cariño, Lau

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