
Noviembre siempre ha sido un mes raro. No es tan festivo como octubre y todavía no se siente la magia (ni el caos) de diciembre. Es un mes que pasa sin pena ni gloria… o no tanta. Y quizá por eso a veces lo vivimos como si fuera simplemente “lo que está entre el pan de muerto y la Navidad”… pero en realidad, noviembre es un gran mes, casi un regalo de tranquilidad disfrazado de mes de transición.
A estas alturas del mes, cuando los árboles (y los calendarios) se están quedando sin hojas y la luz del sol se esconde a las cinco de la tarde, el cuerpo nos manda un mensaje clarísimo: baja el ritmo.
La luz que se va temprano y lo que nos quiere enseñar
La oscuridad temprana afecta el ánimo, al menos yo así lo he notado todos los años que llevo viviendo en el Reino Unido y Europa, pero también es un recordatorio biológico, es nuestro ritmo circadiano ajustándose a la realidad de la temporada y recordándonos que es tiempo de prepararnos para el invierno y también para descansar.
Cuando las tardes se oscurecen antes de la hora de la cena, es normal que el ánimo decaiga. Pero también es una oportunidad silenciosa que nos regala tres o cuatro horas antes de dormir para:
- leer sin prisa
- hablar y/o jugar con los niños
- hacer una cena sencilla
- tomar una taza de té caliente
- o simplemente descansar el alma después de un día largo
En noviembre, la vida cambia de velocidad porque la naturaleza cambia de luz. Y es ahí donde está la invitación escondida: usar las pocas horas de claridad para lo verdaderamente importante.
Cuando la luz se reduce, la prioridad se afina y te obliga a preguntarte:
¿Qué merece mi energía hoy?

Thanksgiving Mood: Una pausa necesaria antes del caos

Diciembre siempre trae lo suyo: compromisos sociales, festivales escolares, cenas, reuniones, regalos, pendientes de última hora, listas infinitas… y aunque es una época hermosa, también es una época que puede desbordarnos.
Por eso, noviembre importa. Porque es nuestra última oportunidad para frenar antes de entrar en la autopista emocional de diciembre. Y una gran manera es olvidarnos del Buen Fin o del Black Friday y entrar en el mood del Thanksgiving.
Y no me refiero a hacerlo como lo dicta la tradición estadounidense, con pavo y mucha parafernalia… sino por el acto tan humano de detenernos a agradecer y vivir el espíritu del Thanksgiving.
Para los que no lo saben, el Thanksgiving es en realidad un día para agradecer la cosecha exitosa, la supervivencia a un invierno brutal y la ayuda recibida por parte de los nativos Wampanoag. Por ello, finales de noviembre es un excelente momento para agradecer lo cosechado durante este año que está por acabar, agradecer la supervivencia (a los momentos difíciles que pasaste durante este año) y, muy importante, agradecer la ayuda recibida (de dondequiera que haya venido).
Y no solo eso, también para agradecer lo que tenemos, lo que este año nos quitó pero también nos enseñó, para agradecer a las personas que siguen con nosotros (aunque estén lejos o en otra zona horaria) y agradecer que hemos llegado hasta aquí, con todo lo que el 2025 ha implicado.
Ese ritual de gratitud es exactamente el freno emocional que noviembre nos quiere regalar.
Honrar lo que agradeces para que diciembre no te robe la paz
Si unimos estas dos ideas (la luz que nos invita a priorizar y la gratitud que centra el corazón) podemos transformar no solo lo que queda del año, sino también cómo entraremos al 2026: con más claridad, más intención y menos prisa.

Que los días sean más cortos y que la energía se vaya más rápido, es un llamado a enfocarnos; por eso, la pregunta “¿qué merece mi energía hoy?” se convierte en una guía para bajar revoluciones, reducir el cortisol y recordar que la prioridad no es hacer más, sino hacer con sentido. Y esta es una enseñanza que debemos llevar con nosotros no solo para estos días que son cortos, sino para todos los proyectos, etapas y momentos de la vida.
Y si además, en noviembre identificas lo que más agradeces, entonces diciembre se vuelve un mapa claro para decidir: qué sí y qué no. Qué eventos te suman y cuáles te drenan, qué compromisos se sienten como «deber» y cuáles vienen desde el corazón para que tú definas qué tipo de diciembre quieres vivir.
Porque diciembre puede ser mágico… o puede ser agotador. Y lo que diferencia un diciembre del otro son los límites que ponemos y las prioridades que honramos. Y si esto lo trasladas al resto del 2026… estás escribiendo la receta del éxito.
Así que este Slowvember te invita a algo simple, pero profundo:
👉 Haz una lista de lo que merece tu energía y lo que agradeces hoy… y llévala como un mapa para navegar diciembre y el inicio del año 2026 sin perderte a ti misma/o.
Slowvember no es hacer menos. Es hacer lo importante y con sentido.

Así que este fin de noviembre, no es como que tengamos que desconectarnos del mundo, lo que necesitamos es entrar a diciembre desde un lugar de calma, claridad y gratitud… no desde la prisa.
Noviembre nos ayuda a prepararnos, nos recuerda que el año está por terminar y nos invita a cerrar un ciclo sin empujarnos, sin ruido y sin expectativas imposibles.
Este mes, aprovechemos la oscuridad temprana, la pausa natural, el aire frío y el espíritu de agradecimiento (americano o no) para decidir cómo queremos sentirnos cuando llegue diciembre.
Porque si honramos noviembre, diciembre no nos rebasa. Y si agradecemos hoy, diciembre nos encuentrara más liger@s, más presentes y más en paz.
Love
Naddy
…keep shooting for the stars… 🌠
PS: Espero que les haya gustado las fotos, son pequeños pedacitos de lo que vivo en este otoño por estas frías tierras.



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