El amor como antídoto contra el monstruo interno

by

(San Valentín, matrimonio y el tipo de amor que sostiene de verdad)

Hay años en los que el 14 de febrero se siente ligero: flores, cenas, fotos bonitas.
Y hay otros en los que esta fecha te cae encima como un espejo: te muestra lo que duele, lo que cambió, lo que falta… y también lo que se volvió sagrado.

Yo hoy quiero hablar del amor real: el que se construye con los años, el que se prueba cuando la vida aprieta, el que no se desmorona cuando no hay glamour, cuando hay cansancio, cuando hay miedo.

Porque en mi historia, el “monstruo” no fue una metáfora. Fue real.
Tuvo diagnóstico, tuvo tratamientos, tuvo agujas, tuvo días interminables, y tuvo noches en las que el silencio pesaba tanto que parecía que se podía cortar.

Y, sin exagerar, puedo decirlo así: a mí me sanó el amor.

El monstruo no aparece de la nada

El monstruo interno aparece cuando el control se rompe, cuando sientes que tu cuerpo ya no te pertenece como antes y la vida cambia el guion sin pedir permiso. Y también aparece cuando te sientes sola con lo que estás viviendo: sola con la mente, sola con el miedo, sola con la incertidumbre.

Esto me hace recordar algunas películas de amor, como Frankenstein, en donde la criatura no se vuelve “monstruo” solo por existir. Se vuelve monstruo cuando es rechazada, cuando es abandonada, cuando se queda sin pertenencia.

Con el dolor pasa algo parecido: el sufrimiento sin vínculo pesa más.
Y el miedo sin amor se vuelve más ruidoso.

El amor romántico en el matrimonio no es un gesto: es una presencia

El amor romántico en años de matrimonio no se sostiene solo con fechas especiales, ni con palabras bonitas, ni con fotos donde todo parece perfecto.
El amor que de verdad sostiene… es otro.
Es el amor que aparece cuando ya no tienes nada que “presumir” y todo que sostener.

Para mí, ese amor tuvo nombre y tuvo manos. Mi esposo estuvo ahí todo el tiempo.
Pero cuando digo “ahí”, no me refiero a estar físicamente en la misma habitación. Me refiero a algo mucho más profundo: estar conmigo, en serio.
Estar cuando yo estaba asustada, cuando mi cuerpo se convirtió en terreno de batalla, cuando yo no podía prometerle nada, ni asegurarle nada, ni ofrecerle una versión “fuerte” de mí. Estar cuando la vida no era bonita.

Hubo días en los que yo sentía que no tenía energía ni para hablar, y aun así él encontraba la forma de hacerme sentir segura.

Hubo momentos en los que yo misma me miraba y no me reconocía, y él me miraba como si nada esencial se hubiera roto, y me hacía sentir la mujer más hermosa del mundo. Como si lo que estaba pasando fuera duro, sí… pero no más grande que nosotros.

Ese tipo de amor no se describe solo con “te amo”.
Se describe con detalles que parecen pequeños, pero que en el infierno se vuelven gigantes:

• una mano que no suelta, aunque tiemble
• una mirada que te regresa al suelo cuando te estás cayendo por dentro
• un “yo estoy aquí” que no es promesa, es acción
• alguien que te cuida sin hacerte sentir una carga
• alguien que no huye cuando el miedo se vuelve cotidiano

Yo sé que suena fuerte, pero así lo viví: él fue mi hogar en medio del monstruo.

Porque cuando tienes un diagnóstico así, lo que más te puede romper no es solo lo físico.
Es el pensamiento de “¿y si me quedo sola en esto?”
Es ese miedo silencioso de sentir que, si tu vida cambia, también cambian los que se quedan.

Y él se quedó.

Se quedó con amor, con paciencia, con ternura, con una lealtad que yo todavía agradezco como se agradece lo milagroso, y eso es lo que cura.

Cura que alguien te ame cuando tú no estás “brillante”.
Cura que te elijan cuando tú te sientes frágil.
Cura que te sostengan cuando tú misma no sabes cómo sostenerte.

Ese amor reacomoda la mente, porque te devuelve una certeza:
no tengo que atravesar esto sola.

“Ella es mi hogar”: el tipo de amor que todos entendemos

Y recordando películas, hay una escena en Diario de una pasión que siempre me ha conmovido.
Cuando los hijos intentan llevarse al esposo —porque él ya está mayor y la situación es difícil—, él no entra en discursos largos. Solo deja claro algo esencial: que no se va.

“Hijos… ella es el amor de mi vida. No voy a dejarla. Esta es mi casa ahora. Ella es mi hogar.”

El hogar no siempre es una casa. A veces es una persona.

Y yo sé lo que se siente eso. Porque cuando atravesé el monstruo del cáncer y todo lo que se desencadenó con esa experiencia… mi esposo fue ese hogar, y él es mi hogar hoy.

También cura sentirse correspondida

Hay un tipo de dolor que no es solo físico: es el de sentirse una carga, sentir que lo que estás viviendo va a espantar a quien amas.

Por eso quiero decir esto con toda claridad: cura profundamente sentir un amor grande… correspondido.

Que te amen sin hacerte sentir culpable por lo que estás atravesando.
Que te amen sin exigirte estar “bien” para merecer ese amor.
Que te amen incluso cuando tú no te reconoces.

Ese amor cambia la forma en la que respiras.
La forma en la que duermes.
La forma en la que resistes.
Y sí, también la forma en la que sanas.

Y en medio de todo, me quedó una certeza que no se me mueve: el amor es el milagro más maravilloso que Dios nos regala a todos. Porque lo mejor en la vida no es solo lograr cosas o “salir adelante”… lo mejor en la vida es amar y ser amado a cambio. Nunca te niegues esa oportunidad. Aunque te haya dolido antes, aunque hayas tenido miedo, aunque no sea perfecto… el amor verdadero siempre vale la pena.

¿Qué significa para ti el amor romántico después de años? ¿Es compañía, es hogar, es cuidado, es elección?

Con cariño Lau

Sharing is caring ❣️

Deja un comentario

Una respuesta a «El amor como antídoto contra el monstruo interno»

  1. Avatar de
    Anónimo

    Siempre serás mi hogar y te amo por la gran persona que eres en todos los sentidos !!

    estoy muy orgulloso de ti y de tenerte a mi lado amor