Cuando el proceso de sanación duele: el poder de la risa como medicina

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Neuroplasticidad, dolor y el secreto de sonreír en medio de la tormenta

El dolor que se instala

El dolor de una sesión de quimioterapia densa es difícil de describir. Todo empieza con una aguja. En mi caso, el procedimiento parecía más “sencillo” que en otros pacientes: tenía la fortuna de contar con un catéter colocado cerca de la clavícula izquierda. Pero la fortuna se vuelve relativa cuando sabes que, de cualquier forma, una aguja gruesa atravesará tu piel. Y lo hace, y duele.

Después viene el líquido frío, entrando poco a poco, recorriendo cada rincón del cuerpo. Al principio es solo una sensación extraña, pero pronto el organismo comienza a rebelarse: pequeñas náuseas, dolor de cabeza, mareos. Y entonces llega el nervio… el miedo… esa pregunta silenciosa que late en tu mente: ¿qué seguirá pasando ahora dentro de mí?

Lo peor, sin embargo, no ocurre en la silla del hospital. Lo peor llega después. Los siguientes tres días se convierten en un campo de batalla: punzadas que atraviesan los huesos, músculos que arden como si estuvieran desgarrándose desde dentro, un cansancio tan extremo que no te permite dormir, y una mente atrapada en un círculo de fatiga y temor.

Como si no bastara, la menopausia inducida convertía todo en un suplicio mayor: sofocos repentinos, noches interminables sin descanso, cambios hormonales que amplificaban cada dolor. Había noches en que ese dolor ocupaba todos los espacios de mi cuerpo, que no quedaba ni un rincón libre, ni siquiera un respiro de calma.

La mente como aliada

En medio de ese panorama descubrí una verdad que se volvió salvavidas: el dolor no tiene todas las armas. Existe un recurso escondido en nuestro propio cerebro: la neuroplasticidad, la capacidad de reconfigurarse, de aprender nuevas rutas incluso en medio del sufrimiento.

Si el cerebro puede aprender del dolor… también puede aprender del alivio. Y ahí aparece la risa.

La paradoja de la risa

Aunque solemos pensar que la risa es consecuencia de la felicidad, la ciencia demuestra que también puede funcionar al revés. Aunque no estés feliz, provocar la risa puede hacerte sentir felicidad. Y, con ella, disminuir el dolor.

Un estudio de Dunbar et al. (2011) reveló que la risa social aumenta el umbral del dolor, como si cada carcajada liberara endorfinas que anestesian el cuerpo. Una revisión más reciente (Kramer & Leitao, 2023) confirmó que reír, incluso sin motivo aparente, reduce significativamente los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Y otra investigación (Pérez-Aranda et al., 2019) mostró cómo el humor modula la percepción del dolor y fortalece la resiliencia.

En otras palabras: reír no es un lujo; es una forma de resistencia.

Reír en medio de la quimio

Durante mis sesiones de quimioterapia, llevaba conmigo una aplicación en la que podía ver mi serie favorita en ese momento: How I Met Your Mother. Sentada al lado de mi esposo, mientras el suero recorría mis venas, nos sumergíamos en los enredos de Ted, Marshall, Lily, Barney y Robin.

Y reíamos. Reíamos mucho.

La risa no eliminaba el dolor, pero lo transformaba. La primera sesión, sin distracciones, fue brutal: cada segundo parecía eterno. Después, con las comedias como refugio, el tiempo pasaba distinto; el dolor inmediato no era tan feroz, la mente encontraba treguas, y yo podía sostenerme un poco más en medio del caos.

A veces eran chistes absurdos, otras situaciones ridículas… pero cada carcajada compartida con mi esposo se sentía como una victoria silenciosa contra la enfermedad. Era un recordatorio de que, aunque mi cuerpo estuviera librando la guerra más dura, mi alma todavía podía encontrar motivos para sonreír.

Shiva Ryu, mi autor favorito de este año, me hizo reflexionar aún más sobre el sentido de la vida al reír, con un párrafo que subrayé en la página 98 de Los pájaros nunca miran atrás mientras vuelan:

“¿Qué haríamos si no existiera la risa? ¿Lloraríamos cada vez que nos golpeáramos y nos hiriéramos? ¿Nos enojaríamos terriblemente cuando alguien nos culpara de algo, con razón o sin ella? ¿Qué cambiaría? Un proverbio indio dice: ‘No hay ningún bosque que esté formado solo por sándalos’. La madera de sándalo es la de mejor calidad, pero ningún bosque se compone exclusivamente de estos árboles. No existe ningún alma inmune a las heridas.”

Ese pasaje me enseñó que, así como ningún bosque está hecho solo de árboles perfectos, ninguna vida está libre de heridas. Pero la risa es la chispa que nos recuerda que aún entre la adversidad más dura, siempre hay espacio para la luz. Y mientras mi cuerpo enfrentaba la quimio, entendí que reír no era un escape ingenuo, sino una forma profunda de resistir, sanar y afirmar la vida.

El dolor de la quimioterapia y de la menopausia inducida me enseñó algo que ningún estudio me habría revelado con tanta fuerza: reír no es restarle importancia al dolor, es desafiarlo.

Cada carcajada fue una pequeña victoria, una forma de recordarle al sufrimiento que no tenía la última palabra. Y aunque mi cuerpo ardiera, aunque la fatiga fuera insoportable, la risa me devolvía un respiro, un destello de luz en la oscuridad.

Hoy lo sé: la risa no es frivolidad. Es medicina silenciosa, es neuroplasticidad en acción, es la prueba de que incluso en medio del dolor más profundo… todavía podemos sentir alegría.

¿Tú, has intentado reír frente a la adversidad? Te leo en los comentarios.

Con cariño, Lau.

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2 respuestas a “Cuando el proceso de sanación duele: el poder de la risa como medicina”

  1. Avatar de
    Anónimo

    En tu historia me reflejo en una batalla con esta vida que venimos a vivir pese a las adversidades que enfrentemos ,que no queda solo en las ganas mientras sigamos respirando , tenemos una nueva oportunidad. Que en nuestro camino siempre estamos rodeados de amor y bendiciones. Te Admiro como has luchado y ganado esta batalla . tu resiliencia , fuerza y positividad

    Con aprecio: jesi

    1. Avatar de Lau MS
      Lau MS

      Muchas gracias por comentar! Y tienes toda la razón, en este camino siempre estamos rodeados de bendiciones y sobre todo siempre hay herramientas que nos ayudan, agarremos siempre una de ellas cada vez que las veamos. Espero que todo lo que escriba pueda inspirarte y pueda contribuir en algo en cualquier proceso en el que estes.
      Un fuerte abrazo!