La Magia de Diciembre: Conexiones y Recuerdos

by

Hay un momento del año que siempre me llena de emoción. No sé si son los días, el clima, los recuerdos o algo que no tiene nombre… pero cada vez que llega el 20 de noviembre, mi corazón empieza a moverse de una forma diferente.

Para mí, el mundo, sin decirlo, empieza a prepararse para algo grande, esperanzador, y no solo es para navidad o año nuevo, es para toda una temporada, para por lo menos todo un mes y medio.

Yo adoro estas fechas al punto de que mi casa permanece adornada todo diciembre y todo enero, y lo disfruto como niña.

Me encanta caminar por lugares adornados, oler a pino fresco, ver escaparates iluminados, visitar los sitios típicos de la ciudad. Me maravilla que todo se vuelva más lento y más reflexivo, que todos nos demos permiso de cerrar ciclos y abrir nuevas páginas.

La idea de poner luces, el árbol, las noches buenas, las velas… me eleva el ánimo, me ordena el alma, – aunque he tenido que aprender a dejar de lado las nochebuenas ya que son toxicas para mi perrito Apolo-  pero fuera de eso, me encanta preparar cada detalle.

Mientras decoro, se mezclan emociones que van desde la nostalgia hasta una alegría suave difícil de describir. Cada adorno que coloco acaricia un recuerdo de infancia, un momento con quienes ya no están, y a la vez me conecta con este instante de mi vida del que estoy profundamente agradecida. Es como si, al poner una luz o una esfera, pudiera honrar lo vivido, abrazar lo que tengo hoy y abrir espacio para lo que viene. Preparar cada rincón se vuelve un ritual que me recuerda quién fui, quién soy y hacia dónde quiero caminar.

Y cada año trato de explicarme razonablemente que ¿qué más tiene esta temporada que la hace tan especial?

Por supuesto, está lo más importante: recordar el nacimiento de Jesús, como el símbolo más profundo de esperanza, paz, amor y nuevo comienzo que el mundo ha conocido.

Ese solo hecho ya envuelve al mes entero en un sentido que no se puede traducir del todo en palabras, porque te hace detenerte a abrazar esta divinidad tan maravillosa que existe y recordar que no estamos solos y no tenemos que controlarlo todo.

Y con este inicio, de pronto parece que en la sociedad nos ponemos de acuerdo para disfrutar, y hacer cosas positivas, hasta aquellos que no necesariamente creen en Jesús: todos hablamos más suave, enviamos bendiciones, queremos desear cosas bonitas, nos reunimos con la familia, nos sentimos más cerca unos de otros.

Nos da por iluminar todo, por llenar las calles de villancicos, por hornear cosas ricas, por calentar el hogar y el corazón.

Y entonces vuelvo a preguntarme:
¿qué hay en las luces?
¿Por qué un simple foquito colgado en una ventana es capaz de suavizar un día?
¿Por qué un árbol decorado nos conecta con recuerdos tan íntimos? ¿Por qué la música navideña puede llenarnos de paz?
¿Qué es eso que sentimos cuando vemos las primeras noches buenas en los puestos o las primeras decoraciones en las tiendas?

Si queremos una explicación más racional, la psicología tiene una explicación hermosa: estas tradiciones funcionan como “anclas emocionales”, pequeñas señales visuales que despiertan memorias felices, sensación de pertenencia, ilusión y propósito. Y el cerebro responde liberando dopamina, serotonina y oxitocina: la química de los vínculos, la calma y la esperanza.

No es casualidad que diciembre sea el mes donde más abrazos se dan, más cartas se escriben y más emociones salen a flote. Y, aunque el clima traiga nostalgia por quienes ya no están, también trae un tipo de alegría suave, llena de sentido.

Hoy escribo esto mientras hago una pausa en la decoración de mi casa, este lugar que para mí es un refugio y una historia.

Entre cada adorno que elaboro, también hago una limpieza profunda porque siento que también se limpia la energía, que se abre espacio para recibir lo que viene.
Y mientras coloco cada luz, me lleno más de ilusión.

Diciembre tiene eso: un abrazo invisible que te envuelve sin preguntarte nada.

Por eso hoy quiero invitarte a ti, que estás leyendo esto,
a que me cuentes qué sientes tú cuando empieza a asomarse diciembre.
¿Qué te emociona?
¿Qué recuerdas?
¿Qué te mueve por dentro?

Porque Diciembre es como una estrella fugaz: ilumina el cielo y la tierra de golpe, nos alegra el corazón, nos mueve a agradecer, nos hace detenernos y desear, pero cuando menos lo pensamos… se va rápidamente.

Por eso yo ya estoy lista para detenerme y vivirlo con todo el corazón.

Con Cariño, Lau

Sharing is caring ❣️

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta

Una respuesta a “La Magia de Diciembre: Conexiones y Recuerdos”

  1. Avatar de
    Anónimo

    Llegar a casa y encontrarla adornada de Navidad, con las luces del arbolito brillando y la música envolviendo cada rincón, me llena de una emoción difícil de describir. Es como si el tiempo se detuviera un momento. Me siento en la sala, respiro profundamente y dejo que esa atmósfera de paz, calidez y magia me abrace como si quisiera detener ese momento rodeado de los seres que mas amo en este mundo. En ese instante, todo se calma, vienen a mi solo pensamientos de agradecimiento porque tengo lo más importante a mi lado y simplemente disfruto la serenidad que esta temporada navideña sabe regalar. 🙏🙏🙏❤️❤️