10+ síntomas que no sabías que eran perimenopausia

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Aunque no llevamos muchos años hablando de ello, a las mujeres nos han contado que la perimenopausia se ve así: ganar peso con tan solo respirar, comer menos y aun así engordar, brain fog que te hace dudar de ti misma, hacer ejercicio y que nada cambie, hacer más abdominales y que la pancita tipo embarazo no se vaya, comer saludablemente y que eso tampoco ayude. Y por eso muchas mujeres sienten que algo está genuinamente mal con ellas.

Yo era una de esas mujeres.

Pensaba que algo estaba genuinamente mal conmigo. Para mí, no sé realmente dónde comenzó, pero lo primero que recuerdo y asocio con este inicio de la peri es la picazón.

No es una picazón cualquiera. Es esa que llega justo cuando estoy a punto de dormirme, cuando estoy tan cansada que lo único que quiero es cerrar los ojos y es absolutamente frustrante, porque tu piel comienza a hormiguear. Tienes que rascarte, pero si no te controlas, puedes lastimarte. Entonces tienes que frenarte mentalmente y entender que no es que realmente te pique tanto, sino que necesitas rascarte un poco para aliviar esa sensación.

Es un equilibrio extraño: ceder lo suficiente para calmar el cuerpo, pero mantener el control para no hacerte daño.

Para mí, eso ha significado aceptar mentalmente que la sensación está ahí, entender que es temporal y darme permiso de rascarme un poco sin entrar en pánico, ya que esto no se trata de ignorarla, se trata de no dejar que tome el control de mí.

Pero había más.

También comencé a oler cosas que no existían.

Una vez le dije a mi marido: “¿Hueles eso? Creo que hay una fuga de gas”. Le pedía que revisara, preocupada, convencida de que algo andaba mal. Nada. Aun me pasa y ahora tengo estufa de inducción y el boiler es eléctrico, o sea, es prácticamente imposible que eso pase…

Otra vez juraba que algo se estaba quemando en la cocina. Corría a revisar y no había nada: ningún alimento, horno apagado, ningún fuego, nada.

Y luego estaban esos olores raros que no podía identificar. Olores desagradables que simplemente… existían en mi nariz, aunque nadie más los percibiera. Mi marido me miraba con comprensión, pero yo me sentía loca.

Después vino el brain fog. Tan denso que no podía recordar lo que había dicho cinco minutos antes. Yo googleaba frenéticamente, convencida de que tenía alguna enfermedad rara, pero nadie —ni mi doctor, ni mis amigas, ni los sitios web en los que confiaba— había mencionado la perimenopausia como una posibilidad.

No fue hasta que empecé a leer posts en línea, comparando notas con otras mujeres, que las piezas finalmente hicieron clic. Estos no eran signos de que estuviera perdiendo la razón.

Mi cuerpo estaba cambiando.

Mis hormonas se estaban transformando de maneras sobre las que nadie me había advertido.

Y una vez que entendí eso, todo empezó a tener un extraño sentido.

El brain fog y cómo lo combato

El brain fog ha sido la parte más desorientadora de la perimenopausia para mí.

Hay días en los que estoy funcional y hay otros en los que genuinamente no puedo sostener un pensamiento. Pero no podía simplemente empujar a través de eso o fingir que no estaba pasando, así que tuve que inventarme una estructura que me ha salvado.

Hago listas para mi semana y para mi día: específicas y manejables. En cualquier día, escribo tres o cuatro cosas que quiero lograr y después priorizo.

¿Cuáles tareas necesitan más energía? ¿Cuáles afectarán a alguien más si no las termino?

Esas van primero.

Los temas de alto impacto y alto enfoque. Los que realmente importan.

Y aquí está la magia: si termino todo, excelente. Pero si no, ya me comprometí mentalmente a sacar al menos dos de ellas o las más importantes.

Ese es mi mínimo y eso es lo que me mantiene cuerda.

Mi cerebro sabe que tiene un objetivo, un enfoque, algo a qué aferrarse, incluso en los días más nublados. Y ese objetivo también es flexible, por lo que en los días en los que siento que mi cerebro esta a punto de colapsar, ajusto lo que espero lograr y siempre sé cuál es la prioridad.

Pero la perimenopausia se ve y se siente diferente para todas, y aun no hay suficientes estudios para entenderla al 100%, por eso tenemos que seguir hablando de ella, y aquí te comparto algunas de las cosas que sorprendentemente podrían indicar que estás en esta etapa.

Diez cosas que nadie te dice sobre la perimenopausia

Cuando empecé a investigar, encontré docenas de síntomas que casi nunca aparecen en las conversaciones más comunes sobre la perimenopausia.

Aquí van diez de los más extraños —y sorprendentemente comunes—:

  1. Picazón en la piel, especialmente de noche
    La relación con la histamina puede hacer que tu piel se sienta como si estuviera siendo atacada, justo cuando más quieres dormir.
  2. Phantosmia u olores fantasma
    Hueles cosas que no existen: fugas de gas que no están ahí, algo quemándose cuando nada se está quemando, o malos olores que nadie más percibe. Es desconcertante y muy aislante.
  3. Cambios en la producción de saliva
    Tu boca puede sentirse mucho más seca o, en algunos casos, producir más saliva de lo normal. De cualquier forma, es raro.
  4. Sabor metálico o alterado
    La comida empieza a saber diferente, o aparece un sabor metálico en la boca que no se va, a veces acompañado de boca seca.
  5. Síndrome de boca ardiente
    Una sensación real de ardor en la boca, encías o lengua, a menudo acompañada de hormigueo o entumecimiento.
  6. Sensaciones de descargas eléctricas
    Hormigueos repentinos o sensaciones de “descarga” en manos, pies o incluso en la punta de la lengua. Es extraño, sí, pero también real.
  7. Zumbido en los oídos (tinnitus)
    Un zumbido persistente que parece venir de la nada. Las hormonas impactan mucho más de lo que imaginamos.
  8. Uñas quebradizas y cambios en el cabello
    Las uñas se rompen con facilidad y el cabello puede sentirse distinto: más delgado, más frágil o simplemente raro.
  9. Dolor articular y muscular
    No necesariamente es artritis. Los cambios hormonales también pueden desencadenar dolor real en músculos y articulaciones.
  10. Cicatrices viejas que de repente pican o arden
    Esa cicatriz de cesárea de hace diez años, o una cicatriz quirúrgica que ya habías olvidado, de pronto vuelve a picar, quemar o enrojecerse como si estuviera sanando otra vez. Es rarísimo, pero pasa.

La importancia de sentirte validada

Lo que más me impactó al leer post tras post de otras mujeres que estaban viviendo exactamente lo que yo estaba viviendo, fue el alivio.

No el alivio de saber que algo estaba mal, sino el alivio de saber que no estaba rota y que había una explicación.

Aquí te dejo una lista de los síntomas más impactantes que he encontrado en foros y páginas, esos espacios donde mujeres como tú y como yo contamos lo que nos pasa y por fin encontramos eco en otras experiencias.

Síntomas físicos rarísimos de los que casi nadie habla

  • Sudor en lugares muy específicos
    Como detrás de las rodillas o en la nuca, sin que necesariamente estés sudando en todo el cuerpo.
  • Sarpullidos repentinos en zonas muy concretas
    Algunas mujeres reportan brotes extraños que aparecen, por ejemplo, solo en los glúteos.
  • Náusea aleatoria durante meses
    Esa sensación persistente de malestar que muchos médicos no relacionan con la perimenopausia.
  • Pérdida repentina del equilibrio o vértigo
    Momentos en los que te sientes inestable, mareada o desorientada sin una razón clara.
  • Tos crónica que dura meses
    Una tos persistente que aparece de la nada y se queda más tiempo del que debería.
  • Problemas en las encías que aparecen sin aviso
    Inflamación, sangrado o sensibilidad que parece surgir de repente.
  • Pérdida de conciencia espacial
    Sentirte torpe, desorientada o rara incluso en espacios que conoces perfectamente.

Rarezas neurológicas o del sistema nervioso

  • Sensaciones de descarga eléctrica
    Ese tipo de hormigueo o “toques” súbitos que aparecen sin explicación.
  • Hormigueo o entumecimiento
    Como agujas o alfileres, especialmente en manos y pies.
  • Tartamudez repentina
    Mujeres que nunca habían tartamudeado comienzan a notar dificultad para hablar con fluidez.
  • Ataques de pánico o ansiedad intensa que aparecen de pronto
    Incluso en personas que nunca antes habían vivido algo así.
  • Una sensación constante de miedo o fatalidad respecto a tu salud
    Estar completamente convencida de que algo grave está mal y, al día siguiente, sentirte casi normal.
  • Hipervigilancia nocturna
    Esa necesidad de revisar el teléfono compulsivamente o de sentirte en alerta cuando deberías estar descansando.

Cambios en la boca, el gusto y el apetito

  • Sensaciones de ardor en partes aleatorias del cuerpo
    Algunas mujeres describen ardor detrás de las rodillas o en otras zonas sin explicación aparente.
  • Pérdida total del apetito
    O lo contrario: comer y no sentir saciedad.
  • Cambios repentinos en la relación con la comida
    Como si de un momento a otro algo cambiara en tu cuerpo y dejara de responder como siempre.

La perimenopausia puede ser brutal en muchos sentidos. Los síntomas son reales, son disruptivos y pueden hacerte sentir que estás perdiendo tu identidad, pero esto es lo que he aprendido: no la estás perdiendo.

Te estás transformando.

Tu cuerpo te está diciendo algo. Y una vez que empiezas a escucharlo, puedes comenzar a trabajar con él, en lugar de luchar en su contra.

Love

Naddy

…keep shooting for the stars…🌠

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