Descubriendo los Superpoderes de los 40

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La mentira que nos contaron sobre los 40

Desde niñ@s escuchamos la misma historia: «la crisis de los 40». Como si llegar a esa edad fuera una especie de catástrofe anunciada, y los ejemplos que nos dan no son para menos: «se convirtió en la señora de los gatos», «tu tío se divorció y se compró un convertible», «anda con uno 15 años más joven» o «renunció a su trabajo y, como sus hijos ya eran grandes, se fue a vivir al Congo». Es con estas historias que sabes que llegar a los 40 es un momento de locura al que no quieres llegar.

elderly woman holding orange and blue placard

Pero, después, en los 20 y 30, empiezas a recoger más datos: que el cuerpo cambia, que las hormonas se revuelven, que hay que tomar decisiones entre carrera y familia, que la menopausia llega… pero nadie te explica realmente qué es ni cómo se vive, y eso lo convierte en un tema tabú disfrazado de advertencia, pero que debería sentirse como una guía.

Y mientras todo esto pasa, la edad se convierte en algo que las mujeres aprendemos a embellecer cuando somos jóvenes («¡pero si pareces de 25!») o a esconder cuando ya no lo somos («uy, con tu edad…»). Siempre en los extremos y nunca en la verdad, porque hasta un «Te ves muy bien para tu edad» es un comentario bien intencionado pero que descoloca.

El problema de los dos lados

Si tienes amigas mayores que tú, probablemente te han dicho algo como: «Tranquila, yo también pasé por eso y estoy mejor.» Eso es un regalo. Es el mapa de alguien que ya cruzó el territorio. Yo, por ejemplo, tengo a mi adorada Sonia, que será al menos 10 años mayor que yo y que es mi consejera: «Yo así lo viví, así lo sentí, esto hice, pero tú decide lo que mejor se ajuste a tu situación». Ella es la experiencia mostrando opciones, no la impulsividad de la juventud diciéndote: «A mí este método ya me funcionó, deberías probarlo».

Ahora, del lado contrario, si tienes amigas más jóvenes y les compartes lo que estás viviendo, a veces lo reciben como si les estuvieras echando una maldición. Como si hablar de los cambios del cuerpo o de la claridad que llega con los años fuera algo que deben temer, se esconden y recalcan que ellas aún son jóvenes y ofenden diciendo cosas como «Es que lo que me contaste que pasa a tu edad me da miedo», porque te convierten en una especie de goblin o esperpento humano que está mutando y quiere que a ellas les pase lo mismo.

smiling women sitting at the beach

Y eso duele. Porque lo que realmente quieres decirles es: «Ojalá alguien me hubiera dicho antes que comiera mejor, durmiera más, que no me estresara por lo que no puedo controlar, que no tengo que ser supermujer para todo el mundo si ni siquiera me he puesto a mí primero.»

Los 40 no es una crisis: es un despertar para rediseñar

mother and daughter having a breakfast

Hay un momento —y muchas de las que estamos en esta etapa lo reconocemos— en que algo hace clic. Ya no te da pena decir lo que piensas, ya no gastas energía en cosas que antes te quitaban el sueño, ya no te defines por la marca de tu ropa, el tono de tu maquillaje o si esa mañana lograste arreglarte.

¿Por qué? Porque ya viviste lo suficiente para saber que eso no era lo importante.

Llegaste a los 40 habiendo dado desayunos nutritivos cuando no tuviste tiempo de maquillarte. Habiendo dejado dormir a tu hijo en tu cama porque te necesitaba, aunque al día siguiente amanecieras destrozada. Habiendo visto que tu cuerpo cambia con las hormonas y que a veces sólo tienes tres playeras que te quedan bien… y que en esas tres playeras hay más dignidad de la que pensabas.

También hay claridad a nivel de carrera profesional, porque ya le demostraste a la gente que podías hacer lo que ellos te vieron crecer para ser. En mi caso, todos me vieron titularme de Ingeniera en Cibernética y, después, convertirme en IT Project Manager, pero tenía poca idea de que me convertiría en una de las mejores project managers que nadie hubiera podido imaginar, porque llevo las agendas más importantes del mundo: las de mis hijos. Y sus vidas son un lienzo en el que yo no diseño, sólo superviso para que el tiempo y los esfuerzos sean bien aprovechados. Aunque de repente podría definir yo qué se hace y qué no, prefiero dejarlos ser felices y armar su propia historia y «agenda».

Y aunque muchos me digan que tan sólo soy mamá y se olviden de todas las otras cosas que sé hacer de manera maravillosa y flawless, hoy ya no me importa cambiar su opinión porque hoy soy feliz siendo quien soy y que la gente que debe saberlo, lo sepa.

Y ese, es el primer superpoder: dejar de necesitar validación externa para saber lo que vales.

El superpoder mayor: la experiencia

Y aunque el primer superpoder se siente empoderador y como un todo, hay otro más que puede ser incluso más poderoso, ya que es algo que no puedes comprar o aprender rápidamente porque sólo el tiempo puede dártelo, y es saber que esto ya lo superaste antes.

Cuando estás en medio de un problema que parece no tener salida, la experiencia acumulada te susurra al oído: «Tú ya estuviste aquí y saliste.» Eso no lo tiene quien está empezando, ni se aprende en un libro ni en un curso. Se vive.

La experiencia te hace reconocer a las personas que se están ahogando en el mismo vaso de agua donde tú un día te ahogaste. Y en lugar de hundirte con ellas, puedes extender la mano desde tierra firme, aunque muchos decidan no tomarla porque ellos aún no saben, lo que tú, sí.

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Te enseña también algo que es casi filosófico pero profundamente práctico: el dolor pasa. La alegría pasa. Todo pasa. Y lo que importa es cómo atraviesas cada etapa sin que te destruya y qué aprendiste en el camino para que la siguiente vez, no te agarre de bajada, sino que puedas lograr ver las señales de advertencia y evitarlo, o si no es posible evitarlo, puedas agarrar el toro por los cuernos con la certeza de tener esa ventana al futuro que dice que tú puedes con eso y más. Hoy día, si mi familia me dice «vámonos a Andorra o a Suiza», ya me da un poco igual, una mudanza no me asusta, no me asusta empezar de nuevo o aprender un nuevo idioma, porque la experiencia me dice que puedo y, aunque no se haga más fácil, se hace posible en mi cerebro y eso es un superpoder.

Así que sí, cinco, diez, veinte años después de lo que pareció ser el peor momento de tu vida, miras atrás y ves que de ahí sacaste la piel más gruesa que tienes hoy, esa que te protege y te permite decir: «Puedo con esto», agradece al tiempo y a la experiencia que poco a poco te han cambiado y moldeado en quien hoy no necesita maquillaje o vestidos caros para brillar.

El superpoder oculto: trabajar inteligente, no solo duro

Uno de los cambios más poderosos que trae esta etapa es en cómo te relacionas con el esfuerzo, el trabajo y el éxito.

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En la juventud, la energía sobra y la usas toda, a veces sin dirección y/o objetivo. Trabajas duro porque puedes, porque tienes el combustible, pero con los años, el enfoque se agudiza. Empiezas a preguntar: ¿esto para qué sirve? ¿Este esfuerzo me lleva a donde quiero ir?

Y ese es otro superpoder silencioso: la inteligencia de saber dónde poner tu energía.

No es que ya no puedas, es que ya no quieres desperdiciarla. Ya hiciste eso de trabajar hasta tarde para demostrar, para ser el miembro valioso del equipo, pero hoy sabes que las cosas se logran en menos tiempo y con menos esfuerzo si trabajas inteligentemente y, además de todo, usas la experiencia como la herramienta de planificación de ese esfuerzo.

Y así se consigue y se redefine el éxito, sabiendo que puedes lograr mucho y de calidad en un tiempo ideal, no más, no menos, porque lo trabajaste de manera inteligente y de la mano de la experiencia, o colmillo, como a muchos les gusta llamarlo.

Un mensaje para las que están en el umbral

Si estás en tus 30 y lees esto con algo de miedo, respira. No te estamos echando ninguna maldición.

Te estamos diciendo que del otro lado del arcoíris hay salud, hay claridad, hay una versión de ti que ya no necesita demostrarse nada a nadie. Que los cambios del cuerpo, aunque nadie te los explique del todo, no son el fin. Son una transformación.

Y si ya cruzaste los 40 y te reconoces en estas palabras, cuéntalo. No solo para ti, sino para la que viene detrás y todavía no sabe que esto que está viviendo no es una crisis.

Es su despertar.

Tu reto esta semana 💜

Escribe en los comentarios un superpoder que hayas descubierto con la edad — puede ser grande o pequeño, serio o divertido. Algo que hoy tienes que la versión más joven de ti no podía ni imaginar.

¿Escuchas el podcast Cruzando Time Zones: How I Got Lucky? En el episodio «El miedo a empezar de nuevo» hablamos de algo muy relacionado: por qué nos da tanto miedo movernos cuando sabemos perfectamente que podemos. Vale la pena escucharlo.

Love

Naddy

…keep shooting for the stars…🌠

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