Cinco Preguntas para Recalibrar tus Metas

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Hay un momento del año (y no necesariamente es enero) en el que algo dentro de nosotr@s se detiene y pregunta (o debiera): «¿esto que estoy persiguiendo, todavía me importa?»

A veces llega en una tarde de domingo cualquiera, a veces lavando los platos, a veces cuando ves a alguien más cumplir una meta que tú también tenías… y en lugar de alegría sientes un nudo raro en el estómago que, lejos de ser envidia, es Sehnsucht con un poco de Wehmut.

woman covering her face with her hand

Sehnsucht significa un profundo y doloroso anhelo por algo que deseas, extrañas o sientes que te falta. Puede ser algo que nunca has tenido, algo que aún esperas experimentar, o incluso algo que no puedes nombrar completamente.

Wehmut es una tristeza tierna o melancolía, a menudo cuando algo hermoso te recuerda lo que te falta, lo que has perdido o lo que nunca tuviste.

Si estás aquí, probablemente ese momento ya te alcanzó y quiero decirte algo antes de empezar: revisar tus metas no significa que fracasaste, sino que es una de las formas más grandes de madurez. Es darte cuenta de que la persona que puso esas metas hace seis meses, un año o cinco, no es exactamente la misma que las está mirando hoy, y que si esas metas no se han cumplido, están a la mitad o simplemente las has abandonado, no quiere decir que seas un fracasado; puede significar que tu foco o tus prioridades hoy son otras y necesitas recalibrar.

Si algo saben nuestros Game Changers, es que aquí no venimos a presionar a nadie para que «rinda más», ni a hacerte sentir que vas atrasad@ en una carrera que nadie te obligó a correr. Pero hoy venimos a hacerte cinco preguntas, honestas y sin filtros; de esas que se hacen dos amigas en una llamada larga cuando ya bajaron la guardia.

Mi caso

No hace mucho me pasó que, en esta búsqueda de sentirme mejor, decidí cambiar muchas cosas al mismo tiempo (mala idea): mi alimentación, mis hábitos, mi enfoque al ejercicio, al trabajo, a lo que quiero lograr en 1-2 años, etc. Y me di cuenta de que, en específico para el tema del ejercicio, mi esposo propuso anotarme al leisure center, lo cual era una gran idea, ya que eso me da acceso a gimnasio, natación, clases de zumba, spinning, etc. Pero, por temor a… no sé qué… decidí que yo -una persona que detesta los gimnasios- debía inscribirme y después no encontraba la manera de darme motivación para ir.

Después de meses en los que siempre encontraba una excusa para «no poder ir», tuve que detenerme y pensar: ¿a quién engaño? Esto no está funcionando y, más allá de ver cambios y sentirme bien, siento que no aprovecho cuando vengo porque NO creo en esto. La meta era clara: ser constante en el ejercicio; el método era opresivo (para mí) y, por tanto, no funcionaba y no lo disfrutaba. Ahora sé que, si hubiera sido honesta conmigo misma, habría encontrado otra manera de acercarme a mi meta si no me hubiera dado pena «recalibrar mis métodos» desde antes.

woman with headphones resting at gym

Pero bueeeeeno…agarra un café (o un vino, no juzgamos) y empecemos con las preguntas.

Pregunta 1: ¿Esta meta es mía, o la heredé?

Empecemos por la más incómoda.

Muchas de las metas que cargamos no las elegimos nosotras: las heredamos. De nuestros papás, de lo que «se supone» que una persona de nuestra edad debería haber logrado, de Instagram, de esa versión idealizada de nosotras que construimos a los 22 y que jamás actualizamos.

Pregúntate sin trampa: si nadie te viera lograrlo —si nadie se enterara— ¿seguirías queriendo esta meta?

Si la respuesta es un sí rotundo, perfecto. Esa meta es tuya. Pero si dudaste, si sentiste que la quieres más por lo que dirán que por lo que te haría sentir… ahí hay algo que vale la pena mirar.

💜 Yo, por ejemplo, soy ingeniera porque quise darle a mi papá el gusto de tener un hij@ ingenier@; pero hoy no me arrepiento de haber estudiado esto y, al contrario, soy la más orgullosa de ser lo que hoy soy. Pero eso no me encasilla ni me etiqueta: sino que me alimenta y me hace especial.

Pregunta 2: ¿Estoy midiendo el progreso, o sólo el resultado?

Aquí caemos casi tod@s.

Nos ponemos una meta gigante —cambiar de carrera, lanzar el negocio, mudarme, sanar— y luego nos castigamos por no haberla «terminado». Como si la vida fuera una lista de pendientes con casillas que se palomean.

Pero el progreso real casi nunca se ve como una línea recta hacia arriba, sino como: tres pasos adelante, uno atrás, una pausa, una recaída y, de repente, un salto que ni viste venir.

man wearing pants and jacket

Si sólo mides el resultado final, vas a sentir que fracasas todos los días, como que no llegas aunque le estes echando todas las ganas. Y eso no es verdad. Las cosas pequeñas que hiciste esta semana y que parecieron simples (sólo) al final, como esa conversación que te dio miedo, ese límite que pusiste, esa hora que dedicaste a aprender algo nuevo…eso es el progreso.

Sólo que no se palomea fácil.

Pregunta 3: ¿Qué me está costando esta meta… y vale la pena?

Toda meta tiene un precio: tiempo, energía, dinero, descanso, presencia con la gente que amas, etc.

A veces, el precio vale completamente la pena. Y a veces, sin darnos cuenta, estamos pagando con nuestra paz mental por algo que ni siquiera nos emociona ya.

Haz el ejercicio honesto: ¿qué estás sacrificando por esta meta? ¿Tu sueño? ¿Tus fines de semana? ¿La versión tranquila de ti misma? Y la pregunta de oro: ¿lo que ganas compensa lo que entregas?

No hay respuesta correcta. Hay tu respuesta y sólo tú la conoces.

💜 En mi caso, la última vez que trabajé para una empresa formalmente en nómina, sacrifiqué 3 meses de mi vida durante la temporada navideña. El desgaste por pasar la «probation» no valió la pena; estuve en la época navideña sin estar, celebré sin disfrutar, me perdí la magia de la época y uno de los momentos favoritos de mi familia y míos, ¿y para qué?

Para que los desvelos, los días de comer pizza o hamburguesas, los llantos de mi hija (que se quedó dormida en mis brazos, ardiendo en calentura porque yo tenía junta), los días de no pararme de la silla en horas porque el día no me alcanzaba para demostrar lo que yo valía, y muchas otras cosas más, me las pagaran diciéndome que yo no era suficiente. Allí fue cuando dije «nunca más», y así comenzó el sueño de un blog o podcast.

woman looking at sticky notes

Pregunta 4: ¿Cuándo fue la última vez que actualicé esta meta?

Las metas no son tatuajes. No tienes que cargarlas para siempre soló porque un día las escribiste y, como dicen por ahí, es de sabios rectificar.

Tú cambias. Tus prioridades cambian. Lo que te llenaba a los 30 puede ya no llenarte a los 38 y eso no es inconstancia: es estar vivo.

Date permiso de preguntarte: ¿esta meta sigue conectada con quién soy hoy, o con quién era cuando la puse? Si ya no te queda, no tienes que abandonarla con culpa. Puedes ajustarla, reducirla, agrandarla o cambiarla por completo. Ajustar el rumbo no es rendirse: es navegar, y si necesitas ayuda en el proceso, te invito a que escuches nuestro episodio del podcast: Tu vida no es el problema, sino que ya no te queda.

Pregunta 5: ¿Estoy siendo amable conmigo en este proceso?

La última, y quizá la más importante.

Porque puedes tener las metas más claras del mundo, pero si la voz con la que te hablas mientras las persigues es cruel, exigente y nunca está satisfecha… vas a llegar agotada a todos lados.

Pregúntate: ¿le hablaría así a mi mejor amiga? ¿Le exigiría lo que me exijo a mí? ¿La haría sentir que va tarde, que no es suficiente, que debería estar más lejos?

Probablemente no. Probablemente le dirías que va increíble, que mire todo lo que ha avanzado, que descanse. Mereces escuchar exactamente esas mismas palabras. De ti.

woman wearing traditional costume in front of a flame

💜Esta pregunta es la que más me cuesta, aunque para los que nos leen, pueda ser muy simple. Para mí y los que me rodean, tengo altas exigencias; veo sus potenciales y me da terror que no logren lo que sé que pueden lograr. Ya lo dijo mi querida @lmsctz en este post: el verdadero infierno sería el momento en que el alma ve con absoluta claridad quién pudo haber llegado a ser y quién realmente fue: las oportunidades que tuvimos, los talentos que no usamos, las decisiones que evitamos por miedo y las versiones de nosotras mismas que nunca encarnamos.

Por ello, a veces puedo ser dura, directa y tajante. Un poco también porque ya me hice fría al punto como es más común en Europa. Pero aunque las palabras sean difíciles de digerir, los que me conocen saben que no lo hago por maldad, sino porque, a veces, como la «enabler» que siento que nací para ser, necesito empujarlos. Aunque les hablo duro, pero con cariño, me hablo a mí misma con mucha más severidad y es algo que tengo que aprender a controlar.

Lo que quiero que te lleves hoy

Una idea clara: revisar y ajustar tus metas no significa un retroceso, sino responsabilizarte de tu propia vida con honestidad. Hacerte cargo no es un castigo; es poder.

💪 El reto de la semana

Esta semana, elige una sola meta. Mi recomendación es que sea la que más peso te genere ahora mismo y siéntate diez minutos con ella. Sin celular, sin distracciones.

Pásala por las cinco preguntas, una por una. Anota lo que salga, aunque te sorprenda. No tienes que cambiar nada todavía. El reto no es decidir: es escucharte con honestidad.

Y si te animas, cuéntanos en los comentarios o en Instagram @cruzandotimezones: ¿cuál de las cinco preguntas te conmovió más?

Aquí no estás sol@ en tu proceso. 💜

¿Te resonó este tema? Escucha nuestro episodio del podcast «El miedo a empezar de nuevo«, donde hablamos justo de eso: cuando ajustar el rumbo da miedo… y de por qué vale completamente la pena.

Love

Naddy

…keep shooting for the stars…🌠

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