Soul y la gran mentira sobre el propósito de vida

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Hay películas que entretienen.

Y hay otras que llegan en momentos específicos de tu vida para confrontarte, abrazarte y recordarte algo que habías olvidado.

Para mí, Soul no es una película infantil. Es una conversación sobre el vacío moderno, la ansiedad de “tener que lograr algo grande” y el miedo silencioso de estar «viviendo»… pero no sintiéndonos realmente vivos.

Y creo que por eso conecta tanto con adultos que han pasado por pérdidas, enfermedades, burnout, crisis existenciales o etapas donde pareciera que sobreviven más de lo que viven.

La primera vez que vi Soul, entendí algo que me costó años aprender:


El sentido de la vida no está solamente en lograr cosas. Está en aprender a estar presentes mientras vivimos.

Muchas veces estamos desconectados emocionalmente de nuestra propia vida.

Vivimos persiguiendo metas, sin sentido o sin amor: El siguiente proyecto para quedar bien con otros, la siguiente validación que impone la sociedad.

Y sin darnos cuenta, dejamos la vida “en pausa” hasta llegar a algún lugar imaginario donde, según nosotros, por fin podremos disfrutar; podremos disfrutar hasta que estemos ahí.

Pero la vida no empieza cuando:
– logras el trabajo,
– sanas completamente,
– bajas de peso,
– encuentras pareja,
– facturas más,
– o alcanzas el éxito que soñabas.

La vida está ocurriendo mientras tanto.

Y eso es justamente lo que Soul intenta decirnos.

Joe cree que su propósito es tocar jazz profesionalmente. Cree que cuando lo consiga finalmente sentirá plenitud. Pero cuando llega ese momento… descubre algo profundamente humano:

El logro no llena automáticamente el vacío existencial.

Porque el vacío no siempre viene de la falta de éxito.
Muchas veces viene de la desconexión del presente y de uno mismo.

Y honestamente, creo que esa es una de las enfermedades emocionales más comunes hoy en día.

Vivimos hiperestimulados, acelerados, preocupados, comparándonos, sobreviviendo en automático. Nos despertamos cansados. Dormimos cansados. Comemos rápido. Escuchamos sin escuchar. Trabajamos sin parar. Y dejamos de notar y disfrutar las cosas simples que, en realidad, son las que sostienen el alma:

Una conversación profunda.
La música correcta.
El olor de un café.
Una carcajada inesperada.
El viento.
El silencio.
Sentirte en paz por unos minutos.

La película también habla muchísimo sobre las personas “perdidas”. Y no me refiero a las que no tienen rumbo profesional.

Me refiero a las que viven atrapadas en:
– el perfeccionismo,
– la culpa,
– la ansiedad,
– la necesidad de aprobación,
– el resentimiento,
– la presión constante,
– o el miedo de no ser suficientes.

Personas funcionales por fuera… pero emocionalmente agotadas por dentro.

Y creo que todos hemos estado ahí alguna vez.

Pero después de vivir situaciones difíciles, he entendido algo que antes no veía:

La vida no se trata solamente de construir éxito. También se trata de construir presencia.

Por eso me encanta que Soul rompa con la idea de que todos tenemos una “misión gigantesca” que define nuestro valor.

Porque entonces dejamos de vivir intentando demostrar que somos importantes.

Y empezamos a vivir entendiendo que ya lo somos, porque estamos aquí.

Porque sentimos.
Porque amamos.
Porque acompañamos.
Porque aprendemos.
Porque podemos transformar la vida de alguien con algo aparentemente pequeño.

Y es propósito, es aprender a ser felices por nosotros mismos, dando todo el amor en lo que hacemos, sirviendo desde el corazón, tal como lo menciona @MariaMontemayor.

Una herramienta sencilla para volver al presente

Algo que empecé a hacer después de etapas difíciles es preguntarme diariamente:

“¿Qué momento pequeño de hoy me hizo sentir viva?”

No tiene que ser algo extraordinario.

A veces la respuesta es:
– una conversación,
– una canción,
– una comida tranquila,
– una práctica de básquet,
– una llamada,
– una taza de café,
– un momento de paz,
– o simplemente sentirme más ligera por unos minutos.

Este ejercicio ayuda muchísimo porque entrena al cerebro a volver al presente y reconocer que la vida también ocurre en lo cotidiano.

Y muchas veces ahí está la verdadera plenitud.

Un pequeño reto para avanzar a tu ritmo

Hoy no quiero que cambies toda tu vida.

Solo quiero invitarte a hacer algo muy simple:

Durante esta semana, detente 5 minutos al día y registra un momento en el que realmente te hayas sentido presente.

Sin celular.
Sin multitasking.
Sin prisa.

Solo observa:
¿Qué te hizo sentir paz, conexión o gratitud hoy?

Tal vez descubras algo importante:

Que la vida que tanto estás esperando…
quizá ya está pasando frente a ti.

Y quizá el verdadero éxito no sea llegar más lejos que todos. Quizá el verdadero éxito sea llegar al final de tu vida sabiendo que realmente estuviste presente en ella.

Con cariño Lau

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